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Javier Camarena

“His good-sized voice is of uncommon beauty from bottom to top; the middle of the voice in particular is virile and darkish in color, but with a burnished glow… recitatives, subito pianos, long diminuendos on high notes, tasteful rubatos, cadenzas and variations that are born out of the drama…”

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  • 08.05.2018 - Camarena, generosidad y excelencia

  • “Faltaba poco para levantarme de la cama e ir a la escuela, cuando mi madre nos despertó alarmada. Salimos corriendo a casa de mi abuela. Vivía en Xalapa en ese entonces…”.

    Así describe su experiencia de niño de 9 años Javier Camarena, durante el terrible terremoto del 19 de septiembre de 1985. 32 años después, el mismo día 19 de septiembre, como maldición gitana, otro terremoto volvió a sacudir la CDMX, pero el niño tenía ahora 41 años y se había convertido en uno de los cantantes de ópera más reconocidos y apreciados del mundo.

    Sobre esa base, y dando muestras de una gran generosidad, el tenor organizó y presentó dos conciertos cuya recaudación será destinada a aliviar, así sea en parte, la precaria situación en que quedaron los habitantes de la comunidad de Ixtaltepec, Oaxaca, que como se sabe fueron de los más afectados y siguen sin recibir la ayuda gubernamental requerida.

    Los dos conciertos ofrecidos en Bellas Artes, nombrados Gala Rossini, si vieron colmados y en ellos participaron, también, el coro y la orquesta de la ópera bajo la dirección de Srba Dinic. En otro rasgo de generosidad, Camarena invitó a alternar con él en calidad de pares a la soprano Anabel de la Mora, la mezzosoprano Guadalupe Paz, al barítono José Manuel Caro y al bajo-barítono Rodrigo Urrutia, y a los integrantes del Estudio de la Ópera de Bellas Artes, tenores Leonardo Sánchez y Edgar Villalva, las sopranos Ariadne Montijo y Akemi Endo, las mezzos Frida Portillo y Mariel Reyes, el barítono Carlos Arámbula y el bajo-barítono David Echeverria, quienes recibieron así la mayor distinción y experiencia que han tenido en su corta vida de cantantes.

    Como su nombre indica, la Gala fue dedicada íntegra a composiciones de Rossini, y esto permitió un despliegue que en verdad es poco común, ya que mezcló algunas de sus obras más gustadas y populares con otras que no lo son tanto, y ciertas rarezas en el escenario: Las conocidísimas oberturas de La urraca ladrona y El barbero de Sevilla, el colorido septeto “Pria di dividerci… Dite, chi é quella femmina” de La italiana en Argel, la siempre esperada aria “Si, ritrovarla io giuro” de La cenicienta y, en contraposición, a las bastante menos presentadas “El conde Ory”, “Moisés en Egipto” y “Semiramides”, y la definitivamente casi desconocida “Ricardo y Zoraida”. Selección aparte de rara, de difícil interpretación, ya que va del más puro Bel Canto a la acentuada sobriedad vocal y actoral.

    Camarena mostró a plenitud el porqué se ha convertido en el único segundo Tenore di Grazia que hay en el mundo (El otro es el peruano Juan Diego Florez).

    Con un despliegue de habilidades que se antojan increíbles, Camarena auténticamente borda, hace un tejido
    preciosista de cada una de sus intervenciones (ya sea solo o en las escenas de conjunto, así sea un dúo o como el referido septeto). El nivel de excelencia que tanto pregonan algunos, se da en él de manera tan natural que hasta lo hace parecer tarea fácil. Esto es difícil de describir y sólo se entiende a cabalidad viéndolo y escuchándolo, pero es que pareciera que basta con abrir la boca para que la música surja como magia.

    Proceso

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