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Rolando Villazón

Rolando Villazón is among the most versatile artists alive today, maintaining successful careers as a stage director, novelist, and TV personality next to his on-stage career. His singularly beautiful voice and arresting stage presence have prompted critics to hail him as “better than ever before…the sound of his voice is phenomenal…few tenors of such vocal power can shape such pianissimi” (Süddeutsche Zeitung) and “his artistry as astonishing as ever, fusing sound, sense and gesture in an uncompromising quest for veracity” (The Guardian).

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  • 05.08.2019 - Rolando Villazón: “La libertad artística es un gran reto”

  • Clarín

    “Estoy muy contento. Feliz de estar en Buenos Aires. Ayer me levanté muy temprano con el efecto del jet lag y me puse a caminar con el vientito frío en la cara. Eran las 7.30 de la mañana, vi los cafés con algunas personas adentro, y sentí el ambiente tan agradable de esta ciudad”, cuenta verborrágico Rolando Villazón, una de las voces más reconocidas en el mundo de la ópera. El tenor se presenta el viernes 2 con Daniel Barenboim al piano, en el CCK.

    Apenas asomó la cabeza en la escena musical internacional, después de ganar varios premios en la Competencia "Operalia" de Plácido Domingo en 1999, se convirtió en uno de los artistas más buscados de su generación, rápidamente debutó como Des Grieux, en Manon de Massenet, y luego nuevas actuaciones en la Ópera de París y en el Staatsoper de Berlín.

    Encantador y de una energía desbordante, cuenta todos los proyectos que lo apasionan. No sólo se dedica a su gran carrera como músico, demandado por los principales teatros del mundo, también escribe novelas, hace programas de televisión y, desde que debutó en 2011 como director de escena con una producción de Werther de Massenet con la Opéra Lyon, continúa desarrollando esa actividad.

    -En julio de este año empezó como director artístico de la Semana Mozart en Salzburgo. ¿Cómo se siente con el nuevo rol y qué le gustaría hacer?

    -Empecé hace dos años porque la programación hay que prepararla con anticipación. Ser director artístico vino como una sorpresa para mí. No tenía como meta ser director, así que me tomé mis semanas para pensarlo.

    -Ese año me llegaron otras tres ofertas para ser director artístico de tres festivales diferentes. A dos dije que no inmediatamente porque, antes que nada, soy artista y esto me quita tiempo.  Es una gran responsabilidad la de Salzburgo. El nivel es altísimo, tenemos a los mejores intérpretes. Es una gran aventura que durará cinco años. Para mí lo más importante es poder darle a la gente lo que yo he recibido de Mozart, uno de mis mejores amigos. Mozart es un compañero de vida. Lo descubrí en el 2010, y no sé cuántos libros sobre él he leído. Las cartas me fascinan. Y lo que me fascina también es que todos los días estoy en contacto con diferentes cuestiones relacionadas con Mozart.  Ahora estoy terminando una novela que tiene mucho que ver con Mozart.

    -Hablando de literatura, tiene una relación muy estrecha con la literatura argentina, ¿no?

    -Sí, me encanta. Me encanta el gran maestro Borges, pero tengo pasión también por Julio Cortázar. Vivo en París porque quería vivir en una página de Cortázar. Hasta el día de hoy camino por los lugares buscando a la Maga por todas partes. Me encanta también Ernesto Sábato, Bioy  Casares, y algunos escritores contemporáneos, como Samantha Schweblin y César Aira. Los dos Payasos, de Aira, me influenció mucho en mi novela Malabares. Leí todas las historias de Alan Pauls. Y Rodrigo Fresán que tiene Mantra -súper mexicano- y la historia de Peter Pan, un personaje que adoro.

    -Además de tener una relación artística con Daniel Barenboim, son grandes amigos. ¿Cuándo comenzó esa amistad?

    -Es una amistad profundísima. Uno de mis mejores amigos. En el 99 audicioné para él. Estaba cantando en Montpellier y me dijeron que me tomara un avión al día siguiente y vaya a cantarle a él.Me acuerdo como su fuera hoy: lo veo venir, yo estaba súper nervioso,  y me dice: -“¿qué tal Rolando? ¿Y el bigote?”. “¿Qué bigote?”, le pregunté. -“¿Pues el de Cantinflas? ¿No eres mexicano?”. Eso me relajó un poquito. "Rolando –me dijo el maestro- me dicen que eres fantástico, maravilloso". “¡No les crea!”, le contesté. "No, si no les creo, por eso vas a cantar para mí" (risas). Y canté. A partir de ahí se inició una relación artística maravillosa. No solo es un amigo, es un gran maestro, un mentor. Después de 20 años de amistad le sigo diciendo "maestro Barenboim". Él me ha dicho que lo tutee, pero no quiero, y no es que haya menos cariño. Además, no le digo a todo el mundo maestro, y él es un verdadero maestro para mí. 

    -¿Qué nos puede decir sobre la selección de la música del programa? ¿Cuál es su relación con el repertorio iberoamericano?

    -Este es un recital que he estado haciendo mucho con mi pianista. Lo hice en Salzburgo, en Zurich, en Munich, muchos lugares. Es un programa que me gusta mucho. En la primera parte abrimos con Manuel de Falla y luego Fernando Obradors, catalán-español. Después de la pausa, continuamos con América Latina: repertorio de Argentina, Colombia, México y Brasil.Las Cinco canciones de niños de Revueltas es una rareza. No se encuentra en YouTube. Y son canciones preciosas, muy tiernas, en el espíritu de García Lorca. Es poesía y música junta. Después de hacer Schubert, Liszt, los grandes lideristas, me gusta hacer este tipo de repertorio.

    -¿Será el placer de cantar en su propio idioma? Supongo que cuando expresa sus emociones o sentimientos elige el castellano, entre los cinco o más idiomas que habla, ¿no?

    -Exactamente, aunque a veces se me escapa alguna palabra en otro idioma. Para mí, poder cantar en castellano es maravilloso porque hay una conexión culturalmente directa con mi idioma natal. Casi nunca canto en castellano, salvo cuando canto romanzas de zarzuela.

    -¿Le gusta cantar música contemporánea?

    -Me gusta mucho el repertorio contemporáneo, es muy difícil, pero vale la pena explorarlo. Hice en Munich South Pole, una nueva ópera escrita especialmente para mí, de Thomas Hampson. También hicimos con Barenboim un ciclo de canciones de Eliott Carter sobre poesías de E. E. Cummings. Precioso. Al principio no entendía nada. Luego, después de cantarlo, trabajarlo un par de veces, encontré esa belleza. Tengo más proyectos. Como público nos hace falta escuchar más repertorio contemporáneo. También creo que a los compositores no les haría daño dejara de temerle tanto a la melodía, ¿no?

    -¿Podría describir la experiencia de hacer música de cámara? ¿Se prepara de otra manera, usa otra técnica?

    -Se cuentan historias de dos minutos. Aunque sea un ciclo, cada canción tiene su propia historia, con un principio y fin. A ciertas canciones hay que encontrarles la historia, las Siete canciones populares españolas de Falla, por ejemplo (canta un fragmento): "Al paño fino en la tienda/Al paño fino en la tienda, una mancha le cayó/Por menos precio se vende/porque perdió su valor". Hay una conexión con un ciclo precioso de cantejondo. Así que hay que buscar y encontrar en qué se inspiró Falla. Y, por otro lado, hay que combinar el canto lírico pero sin perder el origen de esa música, porque si cantás con una impostación lírica exagerada matás la canción. Esto no es ópera, pero sigue siendo un cantante lírico el que lo interpreta. Creo que lo más importante son las dinámicas y los colores. Además esto es un dueto entre piano y voz. Lo que se canta y lo que se toca tiene el mismo valor, el piano no está acompañando sino que estamos interpretando juntos. Tener a un maestro como Barenboim es algo particularmente especial.

    -¿Cómo ve el estado de la ópera en el mundo? ¿Es optimista con respeto al género?

    -Sí, creo que sí. Hay peligros, por supuesto. Pero, en general, me parece que los peligros son los que siempre ha tenido el género. Son los peligros de la cultura. Evidentemente los medios, la tecnología, han llevado la ópera y la música clásica a muchos hogares donde no pueden ni imaginar ir a un teatro. De pronto, hay un gran acceso, y eso tiene sus riesgos y su peligro. Si el Metropolitan tiene problemas para vender boletos es porque la ópera se ve en los cines por 20 dólares. Claro que la ópera en el cine no es la ópera.

    -¿Podría describir algunos de los desafíos que tiene un cantante del silgo XXI?

    -Creo que el desafío más grande que tiene un cantante siempre es encontrar su libertad artística. Más que nunca en el siglo XXI, porque como tienes acceso a todas las opiniones, te vuelves tu propio “Gran Hermano” presentándote frente a todo el mundo, todo el tiempo. El gran reto de cualquier artista es hacer con plena convicción, sin importar lo que digan los demás. Claro que uno espera que el resultado sea positivo, pero uno puede equivocarse y luego pasar a otra cosa. La libertad artística es el gran reto.

    Ficha Festival Barenboim. Música y reflexión. Rolando Villazón (tenor) Daniel Barenboim (piano). Viernes 2 de agosto a las 20 Auditorio Nacional, CCK. Programa: Manuel de Falla: Siete canciones populares españolas Fernando Obradors: Selección de Canciones clásicas españolas Silvestre Revueltas: Cinco canciones de niños Carlos Guastavino: "Las nubes"; Alberto Ginastera: “Canción al árbol del olvido”; Alberto Nepomuceno: “Coração triste”; Luis A. Calvo: “Gitana”

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